#90pósits

 

Françoise no sabía que aquella noche sería la última noche.
Paseaba por la Rue de Alibert a buen paso porque llegaba tarde a su cita con Edmon, un abogado de su bufete, bastante mayor que ella, que la había convencido finalmente a que saliese a cenar con él.

Edmon se pasó el verano entero dejándole pósits románticos en la tapa de su ordenador portátil.
Todos los días durante tres meses. Noventa días consecutivos. 90 pedacitos de papel con un mismo mensaje: #DRT.
90 veces Edmon la habría querido abrazar. 90 veces soñó con besarla y despertar entre sus besos, sus gemidos, y perfumes de pieles deseosas y olor a café.

90 veces se topó con la dura realidad de que Françoise tenía novio y fecha de boda. 90 canas más que brotaron en un verano de noches en vela con los ojos estampados en el techo de su habitación. Ojos abiertos en la oscura soledad de una estancia compartida con la realidad de un matrimonio a la deriva y la quimera imposible de los labios de Françoise.
90 días y 90 noches dan para sufrir mucho…

90 veces Françoise rechazó su invitación para ir a cenar, a almorzar, a ir al cine, a ir de compras, a jugar al pádel, a tomar un helado bajo el bufete, a acompañarlo a una muestra de fotografía, a un evento de publicidad, a un monólogo, a ir en moto un domingo…90 duros rechazos.

Pero aquella mañana había sido diferente. Algo en el guión de vida de Françoise se había alterado. Algo había hecho nacer las dudas en la delicada joven, la chica del pelo rojo, los ojos de hierba y la boca soñada.
Dudaba de su relación con su prometido, plagada de viciados mecanismos de amor venido a menos  … Y dudaba si lanzarse a los brazos de la aventura que le prometía ese romántico empedernido de Edmon. Porque ella sabía que nadie antes le había hablado con esos verbos emocionados, con esa mirada enternecida, con ese temblor de manos de cuando el amor toma posesión de tus actos y la madurez se disfraza de torpe adolescencia.

Así que sin saber muy bien por qué, y con mucho de sentimiento de culpa por su novio, aquel día aceptó la 91ésima proposición del canoso Edmon…Sería “sólo un vino, una charla sin más”… Aunque su interior de mujer se estremecía en lo más profundo con imágenes oníricas de sus cuerpos entrelazados entre miedosos mordiscos y amor prohibido.

Françoise llegó al lugar de la cita. Un famoso restaurante parisino con una espléndida terraza aderezada con motivos del aquel París Art Nouveau.
Edmon aún no había llegado al encuentro. Le extrañó mucho. Y más tratándose de su primera cita. Él era demasiado detallista, demasiado puntual, demasiado Edmon para hacerla esperar.

A unos pocos centenares de metros, Edmon intentaba nerviosamente encontrar su fastidiosa cartera para poder pagar aquella fresca y hermosa rosa roja para Françoise.
La cartera se resistía a aparecer y torturaba al pobre y desquiciado Edmon encontrando escondrijos paranormales en su abrigo de piel. Las gotas de sudor nervioso bajaban por su frente proporcionalmente a los minutos de retraso a la ansiada cita con la chica del pelo rojo.

Françoise pidió un vino blanco para matar el tiempo y controló sus whatsapps. Le extrañó aún más no haber recibido ningún mensaje de su enamorado pretendiente.
Por un instante pensó en una especie de venganza de Edmon

– 90 negativas bien valen una “vendetta”- bromeó consigo misma. Pero sabía que no era así. Edmon no le habría dado jamás plantón.
Y empezó a preocuparse.

Decidió escribirle un whatsapp. Empezaba a hacerlo cuando el viento cobró vida. Silbidos lacerantes de la noche muerta quebraron la velada. Un violento aguijonazo sacudió su roja melena. Otro más certero cercenó su cuello de Chanel.
Cuatro más la lanzaron contra las cristaleras de Le Petit Cambodge.
Su cuerpo delicado yacía plegado entre trozos de cristales y preguntas sin respuesta.
Su bolso reducido a jirones acertó a desvelar un sobre repleto de pósits. 90 trocitos de papel amarillo y palabras de amor.

Sus ojos inertes rozaban el suelo y vieron por último los pasos frenéticos de su eterno enamorado. Una rosa roja se precipitó sobre el asfalto.
Las manos temblorosas de Edmon se fundieron en su rojo pelo y de rojo se tiñeron. La noche parisina también tiñó de rojo aquellos 90 pósits. 90 enigmáticos pedacitos de amor secreto con un mismo mensaje: “DRT”….

….”De Repente Tú “.

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