El capricho de los mares

Con la brisa y las arenas esculpiré tu figura.
Las algas darán el verde a tus ojos y el rojo a tu boca.
Será el viento tu risa.
Las olas tus besos.
Las gaviotas serán tus canciones. Y las nubes las cartas que me escondes.

Y estaré las horas inertes en la orilla engañada…
Tocando tu pelo de espuma del Norte, de olas tenaces que escupen tu velo de novia callada que abraza al barquero, barquero de ojos cerrados y ciegos,
que evitan discursos de amores y miedo.

Y si un día vienes a buscarme, despoja tu cuerpo de piel de salitre, de besos de otro que ataban tus velas, dejando tu alma varada en la playa, que amarra tus labios de hastío y de nada, partiendo en astillas ansiadas caricias,
dejando mi alma hundida y callada.

Con la tormenta armaré mis versos.
Cargaré de violenta lluvia mis poesías.
Les daré la fuerza de los mares.
La vehemencia de las cañas.
La constancia de las olas.
Los reproches de la espuma y la amargura de mi orilla.

No vuelvas si no me amas. Quédate entonces callada.
Abraza al barquero de los ojos ciegos.
El amor no se esconde en cada concha del océano.
Sólo suena en caracolas elegidas por el capricho de los mares.

Y tú… la nuestra, la lanzaste entre las olas.

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